2025-04-16 11:08:00

Por Ana Sofía Valencia

La boda de la brujita

Hace muy poco tiempo, en un pueblo panadero allá sobre la montaña, vivía una brujita amante de las flores moradas.

La brujita salía todos los martes, viernes y fines de semana. Siempre iba a la misma panadería: aquella donde trabajaba Rafael, su enamorado secreto.

Bajaba en su escoba, entraba como de costumbre a la panadería, saludaba al viajero que hacía las entregas en la mañana y luego se dirigía a Rafael. Le decía bobadas de manera nerviosa, compraba siempre el mismo pan y se iba otra vez para su casa en la montaña.

Un día bajó al pueblo, pero ¡oh, sorpresa!, la panadería estaba cerrada. Le preguntó al panadero por qué estaba cerrada.

—¿No te enteraste? —le dijo el panadero.
—¿De qué me tengo que enterar? —respondió ella.
—Rafael va a pedirle matrimonio a una señorita.

Al escuchar esas palabras, el corazón de la pequeña brujita se rompió. Tomó su escoba y voló como pudo hasta su casa.

Miraba triste por la ventana, suspirando por su desafortunada situación, cuando a lo lejos observó una caravana que se acercaba a su casa. Retumbaban flautas y tambores.

La brujita salió corriendo, casi tumbando la puerta, y se topó frente a frente con Rafael, quien traía un ramo de flores moradas en una mano y una cesta de pan en la otra.

Rafael tragó saliva y tartamudeó una frase que la dejó asombrada:

—Brujita de la montaña… ¿quieres casarte conmigo?

La brujita saltó de felicidad y, gritando un ¡SÍ!, corrió a los brazos de su enamorado.