2025-04-28 18:07:00

Por Alejandro Arcila Jiménez

Ni técnica, ni rentable, ni necesaria: El Área Metropolitana del oriente, una figura insensata.

Alrededor de la figura del Área Metropolitana del Oriente (AMO) se están dando debates importantes sobre el futuro y el desarrollo de la región, sus necesidades y sus aspiraciones, la urgencia por coordinar esfuerzos entre los Municipios, en especial los del altiplano del Valle de San Nicolás, y las potencialidades de un territorio que ha crecido a la sombra del Valle de Aburrá, segundo conglomerado urbano más grande de Colombia, con 4,1 millones de habitantes. Entre las discusiones más sonadas se ha hablado de los recursos naturales, la autonomía territorial, la seguridad y el desarrollo inmobiliario. Sin embargo, poco se habla sobre la pertinencia del modelo desde un punto de vista práctico y al revisarlo se llega a tres conclusiones: 1. No hay razones técnicas que justifiquen su creación, 2. Incluso si existieran, no sería una institución rentable y 3. Incluso si fuera técnica y rentable, no es necesaria, puesto que existen alternativas sensatas.

Primero, es evidente que no existen razones técnicas que justifiquen la creación del AMO. Las Áreas Metropolitanas existen en el mundo, no solo en Colombia, para centralizar la toma de decisiones en conglomerados urbanos extensos, en los que se cumple, como mínimo, con dos requisitos: existe aglomeración urbana (es decir, hay conurbación) y tienen más de un millón de habitantes. Si bien la ley colombiana no exige que se den estos dos requisitos, es evidente que en todas partes cuando se habla de Áreas Metropolitanas, se habla de grandes conurbaciones de varios millones de habitantes. Es difícil, sino imposible, hallar una de menos de un millón de habitantes o que sus zonas urbanas estén disgregadas, como en el oriente.

El Área Metropolitana de Cusco en Perú, una de las más pequeñas del planeta, tiene poco más de un millón de ciudadanos, mientras que otras como la de Catón, en China, tiene 65 millones de habitantes. La del Oriente sería, por lejos, la más pequeña del mundo, pues tendría apenas medio millón de habitantes y no sería una aglomeración urbana. Si seguimos buscando Áreas Metropolitanas pequeñas en el mundo, veremos que todas tienen más de un millón de habitantes y todas están conurbadas: Nuakchot (Mauritania), la más pequeña de África, tiene cerca de 2 millones de habitantes; Erbil, en Irak, y Belgrado en Serbia, las más pequeñas de Asia y Europa, tienen 1,2 millones.

El dato de tener menos de un millón de habitantes es clave pues no solo no se encuentran otras de este tamaño en ninguna parte del mundo, sino que en Colombia la ley establece por lo menos dos reglas que dan cuenta de lo extraña que sería la del oriente: no podría ser autoridad ambiental, según la ley 1625 y tampoco podría tener Policía Metropolitana, tal como lo establece la Resolución 00912 de 2009, pues estas funciones están reservadas para conglomerados de más de un millón de habitantes. Con el argumento de la Policía Metropolitana, por desconocimiento o quizás por mala fe, los promotores del AMO han hecho campaña activamente, a pesar de ser mentira.

Si todavía quedaran dudas de lo antitécnica que es y de sus recortadas funciones, se puede agregar que la figura no es rentable, pues implica un recorte del 1% de los ingresos corrientes de los Municipios en favor del AMO. Cifra que resulta ínfima al considerar que con ella se recaudarían solo 5.500 millones de pesos al año, insuficientes para resolver temas de movilidad, infraestructura, seguridad o planificación, pero que resulta un porcentaje nada despreciable si se considera que hay sectores de inversión en los Municipios que usualmente no llegan a ese 1%, como las políticas que promueven la equidad de las Mujeres. Es decir, que los Municipios deberán desfinanciar sectores para trasladar recursos dirigidos a los gastos de funcionamiento del AMO. Pero incluso si el manejo fuera austero y no gastaran un peso en pago de salarios, equipos, servicios e insumos, los 5.500 millones de pesos anuales difícilmente podrían financiar obras importantes.

Entonces, sin dudas, el AMO tendrá que financiarse de maneras distintas a las del aporte ordinario del 1%. Lo que genera preocupación al pensar que la ley 1625 prevé una sobretasa especial del 2 por mil sobre el catastro que podría ser cobrada, y que seguramente buscarán cobrar, cuando adviertan la necesidad de dinero para operar. Es decir, cuando falte el dinero, acudirán al bolsillo del contribuyente. Frente a esto se ha objetado que se trata de la sobretasa ambiental que ya se cobra por lo que no podría recaudarla el AMO, a pesar de que la ley no indica de manera clara que esta cifra corresponda a la sobretasa ambiental, más allá de remitirse al poco claro artículo 317 de la Constitución. Sería bueno creer que es cierta esta objeción y que legalmente no pueden aumentar el impuesto predial para financiar el Área, pero ya decía Maquiavelo: “piensa mal y acertarás”, no se debe olvidar que el actual gobernador de Antioquia, acucioso defensor del AMO, acaba de imponer una sobretasa de seguridad pese a las fuertes dudas que hay sobre su legalidad.

¿Y si no aumentan los impuestos, de dónde saldrá el dinero para que funcione? Es la encrucijada ante la que quedan los defensores del AMO, salvo que acepten el peso de los hechos y reconozcan que para financiarse sin subir los impuestos deben acudir al presupuesto de los Municipios, el Departamento o la Nación, terminando sometidos a la voluntad política de los gobernantes de cada instancia, con o sin AMO, y a las figuras que ya la ley establece para financiar cualquier proyecto que cobije a varios Municipios: Los convenios interadministrativos, la delegación de funciones y los Pactos Territoriales (antes Contratos Plan de ley 1454 de 2011). Y tendrán que aceptar que ninguna de estas figuras de coordinación interinstitucional requiere de un Área Metropolitana para gestionarse. Así, se puede afirmar con tranquilidad que es innecesario crear el AMO, pues sin dinero poco puede hacerse, los recursos que esta puede generar por sí misma son escasos y todas las formas de conseguir dinero para que funcione, incluida la suba en los impuestos, no requieren de ella.

Frete a este modelo, que tantas divisiones y tensiones políticas genera, que sería el Área Metropolitana más ridícula del mundo por su pequeñez, escases de dinero, poca población y falta de aglomeración urbana; que pone en riesgo a los orientales de un aumento en sus impuestos; que pone en entredicho la autonomía de los Municipios; y que no se necesita para resolver las necesidades de la gente; queda clara la alternativa: que los alcaldes se sienten, como se han sentado para tantos otros temas, hagan Convenios Interadministrativos, gestionen giros de presupuesto de la Nación o intenten promover, seguramente con un amplio respaldo popular, un Contrato Plan en el oriente, que garantice recursos del gobierno nacional para atender las muchas necesidades y deseos comunes de la región. No se trata de otra cosa distinta a ser sensatos.